martes, 23 de enero de 2018

LOBOS

Los lobos
Un viejo cacique de una tribu estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida.

Les decía:
...- una vieja pelea esta ocurriendo dentro de mi, es entre dos lobos; uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatría.

El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe.

Esta misma pelea esta ocurriendo continuamente dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra...-

Los chicos se quedaron pensativos, y uno de ellos preguntó a su abuelo:

¿ Cual de los lobos ganará?

...y el viejo cacique respondió simplemente

...-"el que alimentes"-...
 
 

ANSIEDAD




¡Hola!

    Soy la ansiedad, no te asustes… vengo en son de paz, por cierto, ¿por qué te asustas tanto ante mi presencia?

    Sé que sientes horrible cada vez que aparezco, que te desesperas y quisieras hacerme desaparecer, sé que si pudieras me aventarías con todas tus fuerzas lejos de tu vida, sobre todo porque crees que estoy aquí para hacerte daño, para amargarte la existencia… inclusive has de creer que puedo llegar a ser la causa de tu muerte; pero créeme, si no te he hecho daño, es porque no es mi intención hacerlo y porque tampoco lo voy a hacer. 

    No estoy aquí ni para que te de un ataque al corazón, ni para que te ahogues y mucho menos para volverte loco o hacerte sentir raro e inadecuado; creo que ya te lo he demostrado.  Y sí, sé que hago un desastre en tu interior y que te asusto, pero al final del día… no te he matado, no te has ahogado y tampoco te has vuelto loco. La realidad es que estás aquí, teniendo miedo a que eso pase, sin que haya pasado en realidad.

    Y te confieso que no porque pienses o sientas que pueda pasar, significa que realmente
vaya a pasar.

    Estoy aquí escribiéndote esta carta porque te quiero platicar la verdad y serte totalmente honesta: si he aparecido en tu vida haciéndote sentir todo esto es porque no había encontrado otra manera de hacerme escuchar por ti.

    Estabas tan ocupado tratando de ser exitoso, de ser productivo y de demostrarle a los demás que eres digno de ser amado… que no escuchabas mis pequeñas señales.
¿Recuerdas esa vez que te dio un dolor de cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio por más de 2 horas? ¿O qué tal esa vez que sin razón aparente te soltaste a llorar sintiendo que algo andaba mal? ¿y esa vez que te quedaste solo y te sentiste inquieto y buscaste con qué distraerte…? ¿o qué tal esa vez que te dio un temblor en el párpado? ¿aquella alergia en la piel…? y ni hablar de la gastritis y colitis.

    Bueno, pues todas esas veces era yo misma tratando de hacer algo para que me escucharas, para que te detuvieras por un momento a sentirme y resolver de verdad lo que te estaba pasando. Pero no lo hiciste, seguiste con tu ritmo de vida; seguiste con tu misma manera de pensar y reaccionar; preocupándote por el qué dirán, presionándote por ser perfecto, angustiándote por tener el control de todas las cosas a tu alrededor… por salvar a los demás mientras que te descuidabas a ti mismo, y está bien… está bien… comprendo que es algo actual y hasta aprendido. 

     Pero como eso no es lo que quiero para ti, como sé que puedes ser libre de verdad, entonces intenté algo más fuerte: hice que te doliera la quijada al despertar, que se te taparan los oídos y te sudaran las manos…que tu corazón acelerado para después sentirte agotado y hasta mareado… en fin, tampoco me quisiste escuchar.

    Y sé que te desesperas porque no “entiendes” con tu mente racional lo que te está pasando, y claro, con tu mente racional no me vas a entender, ¡al contrario! sólo logras asustarte más y generarte nuevas sensaciones e ideas que no eran mi intención que tuvieras.

    Mi intención es ayudarte a ti y a regresar a tu centro, ayudarte a frenar por un momento para que voltees a ver en tu interior qué es lo que estás necesitando para volver a sentirte libre y pleno. Mi intención sí es llamar tu atención, y te felicito si estás leyendo esto, pues significa que ahora ya no quieres evitarme. De hecho, sé que estás cansado y cansada de hacerlo, de huir de mí como si fuera un monstruo en medio de un bosque oscuro.

    Sé que ya no toleras seguir embobándote horas y horas en el Facebook y la televisión mientras que sabes que hay algo que necesitas atender, que estás cansado de vivir la vida de otras personas para no voltear a ver la tuya, sé que ya no quieres seguir adormeciendo tu cuerpo, que ya no quieres fugarte de la realidad y que realmente quieres disfrutar de tu vida.

    Sé, que ya empiezas a estar más dispuesto a sentirme y escucharme.

    Y espero de verdad que ahora estés listo y lista para enfrentar tu realidad,  para enfrentar la verdad de tu vida y de ti mismo tal y como es, sin máscaras, sin atajos… sin pretensiones.  

    Y siéndote honesta, yo también ya me cansé de estarte mandando avisos para nada más ver cómo te asustas y sales corriendo, cómo llegas a pensamientos que no son verdad generándote un malestar mayor, alejándote cada vez más de escucharme.

    Y como me cansé, me rendí, y decidí escribirte. Pues tengo algo realmente importante que decirte.

    Así es que vayamos al grano.

    Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo, es que… es momento de evolucionar. 

    ¿Evolucionar? sí, no es un concepto New Age, es una necesidad de todo ser humano cuando en algún momento de su vida ya no le funciona lo que viene haciendo.

    La realidad es que estoy aquí porque necesitas hacer algunos cambios en tu interior y en tu vida, pues aceptémoslo, no te sientes pleno y no estás viviendo como quisieras hacerlo.
¿Quién quiere vivir presionándose a sí mismo? ¿exigiéndose por cumplir estándares aprendidos? ¿Tratando de complacer a medio mundo menos a sí mismo? ¿intentando controlar todas las variables de cada día? ¿quién quiere vivir quejándose y con miedo de todo lo que sucede? ¿queriendo tener la certeza de todo lo que va a suceder? ¿repitiendo los eventos traumáticos de su pasado? ¿echando culpas a los demás?
¿Cómo vas a querer vivir sin ser tú mismo y sin tomar las riendas de tu propia vida? 

    Para eso estoy aquí, para ayudarte a recuperar esa plenitud que vive dentro de ti, y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide contactarla. No significa que te tengas que convertir en otra persona, ¡al contrario! significa que necesitas dejar de actuar y pensar como tú no eres y poder ser más tú mismo. 

    Estoy aquí para ayudarte a ver precisamente qué te impide contactar con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser. Y que puedas descubrir que hay algo que estás necesitando darte y generarte para lograrlo.

    Es lógico que a veces no te des cuenta de esas cosas que necesitas, que te sumerjas en relaciones que no te funcionan, en trabajos que no te gustan pero que “necesitas”, que busques ser amado por los demás poniéndote máscaras y actuando como no eres; es lógico, que busques la seguridad en alguien más y que creas que no puedes tú sólo con esta vida, ¿quién no quisiera regresar a la panza de su mamá y despreocuparse por todo?

    Pero tampoco tienes por qué vivir alerta y protegiéndote de “posibles peligros”, puedes relajarte… y darte cuenta que no tienes que controlar absolutamente todas las variables para poder dormir con la mente en paz. Puedes hacerte responsable de ti y de tu vida sin que te conviertas en un adulto aburrido abrumado por la vida; puedes seguir disfrutando aunque tengas hijos por cuidar o sueños por cumplir.

    Puedes vivir de hacer lo que te gusta y compartir tu tiempo con quien eliges, puedes generarte una manera de pensar más realista y positiva, al final del día, tú no eres tus pensamientos, eres quien se da cuenta que piensa y puedes tomar las riendas de tu mente, claro, de manera amorosa y paciente.

    Y para lograr esto, necesitabas darte cuenta que tu mente está interpretando constantemente la realidad, y que no siempre tu interpretación es correcta, que puedes caer en errores, creer esos errores, obsesionarte con esos pensamientos, y alejarte de la realidad que sí está sucediendo.

    Es momento de que regreses a la realidad y descubras que hoy, ahí donde estás, estás a salvo, y tienes todo el derecho y la capacidad para tomar las riendas de tu vida.  Eso sí, necesitarás perderle el miedo al rechazo, al ridículo, al fracaso y al qué dirán, necesitarás hacerte tu prioridad y confiar en tu voz interior, necesitarás esforzarte por generarte eso que sí anhelas y que sabes que es tu derecho vivir. 

     Estoy aquí para decirte que necesitas ponerle límites a las personas que te lastiman; para que te agarres de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo!

     ¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando.  Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.

    ¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porque lo haces… si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo… y estoy aquí para pedirte que simplemente te detengas.

    Así es que ya sabes… si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha alejado de tu esencia. Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, pues es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella… si a los demás no les parece, es porque ellos tienen su propia vida, no tendrían por qué comprenderte y tú no tendrías por qué controlar lo que piensan sobre ti. 

    El único control que puedes tomar es el de ti mismo, y para recuperarlo, necesitarás aceptar que lo has perdido y retomarlo con fuerza. Necesitarás usar toda esa frustración y tensión interior y convertirla en motivación para ir tras lo que anhelas. Por eso, necesitas permitir que yo me exprese, perderme el miedo, sentirme para que veas que estos síntomas tan sólo son una manera de ayudarte a recuperar tu equilibrio, y que si esperas a que pasen… pasarán, y que si aprendes a relajarte y a tener tu mente en el presente, se transformarán.

    Así es que la próxima vez que me sientas, cierra los ojos… confía y siénteme, déjate llevar… escucha lo que tengo por decirte, entiendemey después, ¡pasa a la acción! Por favor, ya no me reprimas, ya no te distraigas cada vez que llego… pues así no podré hablarte y no podrás hacer esos cambios que tú sabes que necesitas hacer. 

    Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago… recuerda que no quiero lastimarte, quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz.
Y ya para terminar, quiero confesarte una última cosa, quiero decirte quién soy en realidad:
Yo… soy tú esencia. 

    Así es, soy tu esencia, disfrazada de ansiedad.

    Soy tú verdadero ser, ese que guardaste para proteger, y estoy aquí, gritándote, tocando desde el interior de tu corazón con fuerza para que me escuches. No es taquicardia lo que sientes, soy yo, que quiero salir de ahí.

    Déjame salir… déjame tomar las riendas y confía en mí, recuerda quién soy y quién eres, vuélvete a hacer uno conmigo y pierde el miedo a salir lastimado. Yo prefiero que vivamos la vida como es, que la exploremos y que demos lo que tenemos que dar, sea lo que sea, a vivir escondidos por miedo a lo que pueda pasar… 

Así es que hola, yo soy tú, y ya es momento de escucharme. 

Con cariño, yo – La Ansiedad


miércoles, 27 de diciembre de 2017

MIEDO AL CAMBIO



   Nuestra sociedad valora lo estático, que “no produce desorden”, antes de romper esquemas y arriesgarse a que la vida sea diferente. Esta visión hace que muchas veces suframos, porque lo que una vez fue valido o positivo quizás ahora no lo es, y si seguimos creyendo o siguiendo a pies juntillas esos conceptos y creencias no revisados ni flexibles, y aplicándolos a nuestras vidas pensando que es lo que nos beneficia, solo puede crecer el malestar y nuestra perplejidad al ver que algo está fallando y no saber que es.

    Quien cambia es “inestable”, inmaduro, que todavía no ha crecido, que no sabe lo que quiere, que está disperso… porque el ideal de vida, para la sociedad, es un mundo quieto, es decir:

Vivir en la misma casa.
Recorrer la misma ruta diaria.
Hacer lo mismo en el tiempo de ocio.
Permanecer en el mismo colegio.
Durar en el mismo trabajo (aunque ganes poco y no te sientas valorado).
Amarrarse al mismo barrio, ciudad y/o País.
Todos considerados sinónimos de estabilidad.

LA ZONA DE CONFORT:

     Es el conjunto de creencias y acciones a las que estamos acostumbrados, y que nos resultan cómodas.

    Aquello que está dentro de nuestra zona de confort lo podemos hacer muchas veces sin mayor problema y no nos produce una reacción emocional especial; en cambio, lo que está fuera de nuestra zona de confort nos incomoda, nos produce un cierto rechazo, nos provoca ansiedad o nerviosismo.

    Esto tiene un sentido evolutivo muy claro: no hacer cosas que nos son extrañas, para las cuales no nos consideramos totalmente capacitados, y que posiblemente nos van a poner en peligro. Si no nos ponemos en peligro estaremos seguros, así que cuando permanecemos dentro de la Zona nos da una sensación reconfortante de seguridad. La desventaja es que si permanecemos dentro de la zona mucho tiempo, estaremos estancados, no progresaremos.

    “Yo soy así y así he sido siempre”, “es muy difícil cambiar”. Son comentarios que escuchamos con mucha frecuencia, con los que en realidad simplemente tratamos de apaciguar nuestro malestar interior actual y con los que JUSTIFICAMOS el no dar un paso adelante en nuestras vidas, cuando incluso intuimos que ese movimiento podría mejorarlas notablemente.

     Aunque decimos y nos decimos estas frases, si analizas tu forma de actuar en estos momentos y la comparas con la de hace 10 o 20 años, seguramente notarás la diferencia en muchos aspectos.

    Comprobarás como no siempre fuiste como ahora eres y que el cambio, la mayor parte de las veces, no es tan difícil ni tan traumático como tememos.
 
    Salir de la Zona de Confort es una actividad muy importante para CRECER COMO PERSONAS. Mientras que la mayoría de la gente se estanca, porque no les gusta cambiar sus rutinas, aquellos que de verdad persiguen sus sueños y están dispuestos a conseguirlo, saben que para lograrlo tienen que:

Romper con sus hábitos.
Enfrentarse a sus temores.
Hacer cosas que jamás pensaron que se atreverían a hacer.


El cambio nos da miedo, porque:

    No sabemos cómo manejar situaciones nuevas o diferentes.

    Puede provocar algún tipo de pérdida, ya sea física, moral, emocional, entre otros. Podemos equivocarnos y ser criticados por los DEMÁS y/o por NOSOTROS MISMOS. La falta de control que sentimos nos angustia. Nos solemos relacionar muy mal con lo que no nos es familiar.

    ¿Qué escoger? Arriesgarse o permanecer, he allí las alternativas. Entendiendo que en más de una situación el cambio exterior no produce los resultados que anhelamos porque los problemas no son tan sólo geográficos, o de ambiente, o de la persona que nos acompaña, o de la ciudad o del país en el que habitamos. He de cambiar y arriesgarme, pero también debo manejar internamente la flexibilidad para no apegarme, para fluir, para atreverme.

    Ningún cambio duradero es rápido o instantáneo. Los cambios necesitan cocción. Se trata de cambiar, no de desbordarse o precipitarse a lo loco. En el cambio no se usa el ultra rápido horno microondas sino fogón de leña.

ESTANCARSE = MUERTE EN VIDA:

Aunque nos impacte esta afirmación, lo que permanece quieto en la vida es porque está muerto. Lo único que no acepta cambio es la muerte. Sorprende cómo los seres humanos dicen tanto de su personalidad a través de su necesidad o resistencia a los cambios. Hay personas “MUERTAS” EN VIDA que no se atreven a cambiar, y para los que implica un riesgo incluso cambiar:

La ruta hacia el trabajo.
Lo que comen.
La manera en la que se visten.
La posición de los muebles por casa.
Hacer algo distinto en el fin de semana.

     Cuando no se acepta, la resistencia al cambio se convierte en enfermedad. A las buenas o a las malas, el mundo se mueve y el cambio no consulta. ¡Simplemente se da! O me subo al carrito del cambio o el cambio me atropella. La manera de enfrentar el cambio, depende, en gran parte de nuestra autoestima: Cuando nos sentimos seguros y capaces, vemos el cambio como un reto o una motivación positiva.

    Cuando nos sentimos incapaces o poco valiosos, el cambio nos disgusta e incluso nos asusta, nos horripila. Nuestra manera de enfrentar el cambio depende de lo que aprendimos durante la infancia o ante ciertas situaciones dolorosas. Pero siempre podemos aprender a enfrentarlo de manera positiva, aprendiendo de él y mejorando nuestra vida. Lo importante es NO tenerle miedo y MODIFICAR las ideas y creencias falsas y nuestra forma de pensar equivocada, que han mantenido ese miedo.

martes, 28 de noviembre de 2017

La depresión blanca o blues de Navidad



Es esa época del año donde parece que, tanto los medios de comunicación como tu entorno más cercano, quieren imponerte que seas feliz a toda costa, ames a tu familia y llenes todo de comida grasienta, adornos y regalos que muchas veces no te puedes permitir. Todo parece obligatorio. Gastarse mucho dinero, sonreír sin ganas, ver a gente que no deseas, preparar cenas que no tienes ningún deseo de compartir. Suele ocurrir que, entonces, ante tal perspectiva, muchas personas sientan que una gran tristeza y desánimo les invade. A esto se le conoce como depresión blanca o blues de navidad. No es un trastorno como tal, es un estado de ánimo negativo que ciertos estímulos exteriores nos induce a él.

¿Qué síntomas padece alguien con depresión blanca o blues de Navidad?

Enorme tristeza
Nostalgia
Falta de apetito
Alteraciones del sueño
Ansiedad en grado leve

Como pueden ustedes observar, los síntomas no difieren de una depresión típica. Posiblemente el punto clave se encuentre en la nostalgia. El aquejado de la depresión blanca añora con todas sus fuerzas tiempos pasados. Épocas en las que la Navidad era un momento mágico, lleno de risas, regalos y ninguno de la familia faltaba a la mesa en la cena de Nochebuena.

El individuo no acepta los cambios del paso del tiempo, que se hacen más evidentes, en épocas navideñas donde los encuentros, supuestamente entrañables con la familia, han de producirse obligatoriamente. Podríamos decir que la sociedad intenta dirigirnos hacia lo que se considera una vida normal en estas fechas. Si no puedes conseguirlo te sientes diferente al resto de la manada, ya no eres normal, estás fechas te estresan y deseas que acaben cuanto antes.

Otro punto clave, que nos llevaría a padecer la depresión blanca, son los problemas económicos. Tanto en casa como por la calle, recibimos estímulos para que consumamos lo más posible. Hay que cenar cordero, lechón, besugo…no puede falta la bebida a raudales y en Reyes regalos caros para todos.
Es una terrible presión que no todos saben gestionar adecuadamente, lo que lleva a que muchas personas se sientan angustiadas y deprimidas. “Si no hago todo lo que la sociedad y medios de comunicación dicen, mi familia será infeliz y yo un fracasado” podría ser una de las muchas frases que se pasean por la mente de quien sufre el blues de la Navidad. En muchos casos incluso se llegan a pedir pequeños créditos, a altísimos intereses, para poder cumplir los deseos que, a fin de cuentas nunca fueron de usted sino creados por los medios de comunicación y la presión social.

¿Cómo podemos evitar la depresión blanca o blues de la Navidad?

Lo primero es identificar que tenemos un pequeño problema en estas fechas y hacérselo saber a los más allegados. Si nos afecta demasiado en nuestra vida cotidiana acudir a un especialista que nos marque las pautas a seguir. La comunicación es esencial en este tipo de asuntos, comentar como se siente, y llegar a un consenso sensato con la familia para evitar que la situación se agrave. Es importante no dejarse arrastrar por la mayoría. Relajar nuestra mente, tomar aire y pararnos a pensar que podemos permitirnos y que queremos hacer. Llegar a un acuerdo entre lo que se quiere y lo que se debe es el punto perfecto para derrotar la ansiedad que nos atenaza en estas situaciones.

¿Qué más trastornos podemos sufrir con la llegada de la Navidad?

Las Compras compulsivas. En realidad, no es un problema que surge en Navidad y con el fin de las fiestas se termina. Normalmente es un trastorno que está latente desde hace mucho tiempo dentro del individuo, que se despierta de manera más voraz, durante las épocas de mayor consumo como son las rebajas o las fiestas navideñas. Quienes sufren este trastorno suelen comprar más para otras personas o el hogar que para sí mismas. No les mueve el deseo de poseer cosas, sino una profunda insatisfacción personal que solo calman realizando compras compulsivas. Evidentemente será una calma muy perecedera, que vendrá de la mano de la frustración y enfado por no haberse podido contener. Normalmente el resto de la familia se dará cuenta de la situación cuando la economía se vea seriamente resentida.

También hay un aumento de la ansiedad o fobia social, o bien sale a la luz en estas épocas donde se debe interactuar mucho con los demás, o se acentúa si ya se lleva un tiempo padeciéndola. La persona sufre doblemente, por un lado cuando piensa compulsivamente en los acontecimientos venideros, creándole una gran angustia, y cuando se está produciendo el evento. En muchas ocasiones pueden llegar a bloquearse mentalmente y beber en exceso para aminorar la ansiedad. Cómo ya hemos aconsejado en otras ocasiones, si su estado de ansiedad le impide realizar las actividades normales de todos los días, acuda al terapeuta. Sin duda encontrará la serenidad deseada con las recomendaciones y pautas que le enseñaran ,para afrontar aquello que más le inquieta, con la mayor entereza posible.

¿Qué otras fobias podemos encontrarnos asociadas a la navidad?

Miedo a comer en público, tiene que ver con la fobia social de la que hemos hablado antes. La persona se siente insegura para realizar cualquier cosa que piense pueda ser juzgada por los demás, como comer delante de otros. Es signo de gran inseguridad.
 
Liguirofobia, injustificado temor a los sonidos fuertes como el estallido de un globo, el descorche de una botella de cava o petardos, imagínense ustedes la angustia de quien lo padece cuando llegan estas fechas.
 
Afenfosfobia, terror a ser tocado, en una época como la navideña, donde la mayoría se desinhibe casi cono solo oler un corcho de sidra, los abrazos, besos y esos etílicos “Si yo te quiero mucho en realidad” están a la orden del día. Una persona que sufre esta fobia no soporta ni siquiera la idea de que alguien invada su espacio vital.
 

En estos casos ya estaríamos hablando de problemas más importantes que necesitan un tratamiento continuado. La depresión blanca o blues de la Navidad no deja de ser algo estacionario, que pasará apenas termine estas fechas y usted pueda volver a la rutina diaria. No se desanime, y no deje de consultar a un especialista en el caso de que los síntomas continúen o se acentúen tras el fin de la Navidad.

martes, 21 de noviembre de 2017

¿Qué es el Trastorno de Estrés Postraumático?



El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) es una severa reacción emocional ante una experiencia negativa extrema. Se desarrolla cuando la persona ha sido expuesta a algún suceso traumático en los que ha visto amenazada su integridad física o psicológica, bien sea a sí mismo o de alguien más, tales como: maltratos físicos, abusos sexuales, amenazas, accidentes, la muerte de alguien, maltrato psicológico o emocional -como el acoso laboral (mobbing) o escolar (bullying)-, catástrofes, guerras…

Esta experiencia vivida con un nivel de intensidad tan grande en las que el cerebro no puede elaborar vías de escape, ni tener el control, y en la que es imposible descargar tanta excitación, puede originar patologías y algunos trastornos de ansiedad duraderos.

El TEPT puede afectar a personas de todas las edades y no sólo a la persona que lo padece, sino por ejemplo, si le ocurre a una madre o padre puede tener consecuencias negativas para el desarrollo del niño, además de los problemas relacionales que comporta.

Los síntomas más característicos del Trastorno de estrés postraumático son:
  • Revivir involuntariamente aspectos la experiencia negativa de un modo muy real y perturbador; por ejemplo, mediante flashbacks, explosiones de imágenes en los que siente como si la experiencia estuviese ocurriendo de nuevo, o bien a través de pesadillas repetitivas.
  • Muestras de hiperactivación: respuestas exageradas de sobresalto, mostrarse hipervigilante hacia amenazas, miedo constante, problemas para concentrarse. Incluye también síntomas fisiológicos como problemas digestivos, de sueño, con la alimentación, dolores musculares….
  • Evitación en todo aquello que recuerda al hecho o bien situaciones y circunstancias asociadas, incluyendo personas, lugares o actividades. Evitar también pensar o hablar sobre ello con nadie.
  • Decirse constantemente lo que podría haber hecho para evitarlo o culpabilizarse (por ejemplo, por qué les ocurrió a ellos, por qué no hicieron algo para impedirlo, cómo podían haberse vengado, por qué fueron a tal sitio ese día…).
  • Insensibilidad emocional, como por ejemplo, sentir una falta de capacidad para vivir sentimientos, sentirse aislados de los demás, no encontrar satisfacción en actividades que antes eran gratificantes.
  • Incapacidad para recordar partes importantes del suceso traumático.
  • Estar irritable o tener arrebatos de furia como agresiones verbales o incluso físicas contra personas u objetos.
Los síntomas suelen desarrollarse tras el suceso traumático, aunque en algunas personas el comienzo de éstos puede retrasarse. A pesar de presentar un intenso malestar, algunos pacientes no acuden a tratamiento hasta meses o años después del inicio de la sintomatología. Sin embargo, es un trastorno tratable incluso cuando se presentan los problemas años después del suceso traumático que lo originó.


Escuchando a mi cuerpo: el proceso de enfoque corporal



    A lo largo de nuestra vida muchas veces nos encontramos ante situaciones en las que no sabemos qué hacer,  desde algunas más triviales, “no se si ponerme esta ropa o esta otra”, hasta aquellas que pueden tener una mayor trascendencia en nuestra vida, como decidir qué carrera quiero estudiar o elegir una pareja.

    Sin embargo en todos los casos, aunque aparentemente no sepamos qué es lo que queremos, en el fondo si lo sabemos, nuestro cuerpo lo sabe y no tenemos más que prestarle atención y escuchar lo que nos quiere decir para tomar la decisión que es  mejor para cada uno de nosotros. Este proceso los niños saben hacerlo de una manera natural y los adultos podemos reaprenderlo, de hecho muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta. Por ejemplo, imaginemos que estamos en el tren, sentados en nuestro asiento esperando a que arranque, sin embargo tenemos la sensación de que olvidamos algo importante pero no sabemos qué es, a la vez notamos en el cuerpo un cierto desasosiego. Y de repente recordamos lo que es, “¡las llaves de casa!”, y en ese momento notamos en el cuerpo como una sensación de  alivio. Lo que ha ocurrido es un proceso que nos ha permitido acceder a lo que tenemos en nuestro interior: Intuimos corporalmente (desasosiego)  lo que hay aunque aún no “recordamos” de que se trata, pero al encontrar el significado (he olvidado las llaves) de esa sensación corporal se produce un cambio en nuestro cuerpo (alivio). A este proceso le llamamos “focusing” o proceso de enfoque corporal.

   Dentro de mi cuerpo están los significados de mi ayer (mis experiencias pasadas), los significados de mi futuro (mis proyectos), todos ellos sentidos en mi presente, en mi aquí y ahora, relacionados con mis experiencias. Están en esa zona limítrofe entre lo inconsciente y lo consciente. El focusing nos permite acceder a todo ello, a lo implícito que tenemos en nuestro interior, a nuestra fuente. Y, además, al conseguir otorgar significado a esa sensación corporalmente sentida que surge como globalidad, el cuerponos indica un nuevo pasa hacia delante. Nos enseña el camino hacia donde dirigirnos.

    Para que este proceso experiencial se dé, es preciso que haya una cierta actitud por parte de la persona que esta enfocando, unaactitud de amabilidad, bienvenida y saludo a todo lo que llega, de aceptación de todo lo que hay. Sería algo así como una aceptación incondicional con uno mismo.  Se trata de crear un espacio interior, de seguridad, en el que la persona puede sentir que es más que sus problemas, un espacio en el que se des-identifique de estos.

     Volviendo al comienzo de este artículo, cuando estamos ante una situación en la que no sabemos qué hacer y eso nos causa desasosiego o incluso angustia o ansiedad, podemos mirar al interior de nuestro cuerpo, con una actitud amable y cariñosa hacia nosotros/as mismos/as y ver que hay relacionado con “todo eso que nos esta pasando”, escuchando con amabilidad, paciencia y curiosidad a nuestro cuerpo, dejando que se genere la sensación corporal relacionada con ”todo eso” que estamos enfocando y después de estar con esa sensación un rato, dándonos cuenta de cómo es le preguntamos, cómo nos hace sentir todo esto y miramos a ver si la respuesta que nos da nuestro cuerpo resuena con la sensación y cuando por fin encaja, notamos un cambio corporal y sentimos como un alivio al haber dado por fin con el significado que estaba implícito (tal vez había miedo a equivocarme, tal vez tristeza, rabia, una mezcla de ambas…), y eso produce en nosotros/as un ir hacia delante, genera un proceso corporal que cambia la sensación, nos autopropulsa y nos enseña el camino hacia donde dirigirnos.Y para finalizar el proceso, agradecemos a nuestro cuerpo todo eso que nos ha mostrado y lo guardamos en un sitio seguro, protegido de juicios y valoraciones, para poder volver a ello cuando queramos.

Esto sería, aproximadamente, la descripción de un proceso de enfoque corporal o focusing.

     Este proceso se facilita si se hace acompañado por otra persona. Si hacemos “autofocusing” podemos llegar a sentir la sensación sentida… a encontrar un significado… sin embargo el profundizar en el proceso experiencial realmente se produce en la interacción con el/la otro/a… sintiendo su presencia, su aceptación, su validación… Muchas veces no podemos sentirnos con nosotros/as mismos/as, con una mirada amable, de aceptación, sin juzgar… y necesitamos ese estar en presencia de la otra persona…con su mirada amable y de aceptación hacia lo que nos viene y que nos diga: “¡Claro que puedes sentir eso!

    Así, el focusing permite aprender a aceptar lo que es, sin juicio de valor, saludándolo… nos ayuda a relacionarnos con aquellos aspectos nuestros que menos nos gustan. Gendlin, el “padre” del focusing, decía: “Lo que es verdad, ya lo es. El admitirlo, no lo hace peor”. Y ciertamente es así, el focusing nos permite conectar con nuestra fuente interna y esto hace que nos sintamos más en contacto con nosotros mismos y más auténticos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

El primer paso: Amarse a uno mismo

 
Amarse a uno mismo 
es el comienzo de una aventura
 que dura toda la vida. Oscar Wilde.
 
 
     Quiérete, ámate a ti mismo, es un mensaje que muchas veces solemos oir, que nos dicen nuestros amigos, nuestros padres, nuestra pareja también,… en los libros de autoayuda, en los mensajes de texto del facebook, en esas frases bonitas como la que acabo de escribir con anterioridad, …parece que diciendo esto ya te has de querer, con tan sólo escuchar estas palabras, es como si todo de repente cambiase y te quisieras,… ¿es así? seguramente no. 
 
     Quizás ayude, en ese momento que te lo dicen incluso te veas con corage de amarte a ti mismo, sientas esa fuerza interna que te viene por recordar todas las veces que no lo has hecho,… pero ¿qué pasa luego? no es suficiente con este mensaje que aunque conciso y motivador, no suele causar efecto mágicamente. Porque acompañado de este magnífico imperativo de auto-amor, estaría bien incluir dos preguntas que nos pueden orientar a la hora de emprender esta aventura, como cita Oscar Wilde: ¿qué significa quererse a uno mismo? o mejor dicho, ¿qué significa para mí quererme a mí mismo? y ¿cómo me quiero a mi mismo? 
 
      Porque es muy fácil y produce muy poco esfuerzo pronunciar estas palabras: ¡tienes que quererte más¡ eso te pasa porque el primero que no te quieres eres tu! muchas gracias por la obviedad, ¿pero cómo lo hago y qué significa para mí? muchas personas tienden a asociar amarse a uno mismo, con parecer egoístas y/o egocéntricos, les parece que priorizarse puede resultar dañino para el otro, que no serán lo que los otros esperan de ellos o que provocarán un conflicto !Si presto atención a mis necesidades, desatiendo las del otro! ¿qué pensarán de mi? ¿qué imagen voy a dar al otro? pensará que no le quiero,…. estas son algunos de los interrogantes y frases que se nos pueden venir a la mente cuando intentamos amarnos a nosotros mismos… qué paradójico ¿cierto?
 
      Es como si nos moviéramos en el universo del blanco y del negro, donde no hay grises. Amarte tu pone en riesgo amar al otro, atender tus necesidades esta en contra de atender a las del otro, priorizar tus deseos significa ser egoísta y no mirar por el bien de los demás, poner límites quiere decir no cuidar al otro. Es más probable que la integración de lo que aparentemente parecen opuestos genere nuevas alternativas de acción, que seguir viviendo en una cara u otra de la moneda, donde una y otra vez nos sentimos atrapados teniendo que elegir ser bueno o ser malo, interiorizando así que no hay más opciones de respuesta.
 
    Os dejo algunas recomendaciones a nivel general que creo que pueden servir para emprender o continuar esta aventura de amarse a uno mismo y saber qué significa para ti esto. No es mi intención, ni mucho menos, pretender dar fórmulas mágicas, porque no existen, (existe la magia pero la que cada uno crea y siente en su interior), y además va a depender de múltiples factores que lo que yo escriba te pueda ayudar o no, pero bueno, eso cada uno lo puede reflexionar personalmente.
 
  1. Presta atención a tu diálogo interno contigo mismo 
 
     Todos nosotros hablamos con nosotros mismos constantemente. Desde que salimos del estado de sueño por las mañanas (aunque en los sueños a niveles inconscientes también es posible que nos envíemos mensajes), hasta que nos vamos a dormir por la noche. Quizás no nos demos cuenta, pero eso no significa que cada segundo nos estemos enviando mensajes y manteniendo una conversación durante todo el día con nosotros mismos. Si no le prestamos atención a lo que nos decimos, seguramente dejemos pasar muchas “barbaridades” y frases lapidarias que nos minan nuestro autoconcepto y autoestima cada segundo del día. 
 
     Y puede ocurrir en todas la áreas de nuestra vida, desde el ámbito familiar, social, laboral, personal, por ejemplo: ¿deberías haber hecho esto… tendrías que haber dicho lo otro,… cómo es posible que hayas hecho,…? ¿pero se puede ser más….? !no me puedo permitir cometer más errores!, esto te pasa por…; nunca logras lo que te propones,….todo me sale mal,….; etc…. seguro que aquí a cada lector le vienen frases épicas a su mente, ya que cada uno creamos nuestro propio circo interno. Pues bien, esto nos hace mucho daño, y lo peor de todo, es que puede resultar invisible. Mi propuesta es que primero de todo prestemos atención a cómo nos hablamos a nosotros mismos y en qué términos (por ejemplo: todo, siempre, nunca, debería, tendría,…) son palabras taxativas que impiden la flexibilidad y la búsqueda de excepciones, imperativos que no dejan margen a la compasión y al perdón internor. Y en segundo lugar que en la medida que podamos sin prisas, y respetando nuestros tiempos y nuestro momento, una vez identificadas las frases y palabras, las modifiquemos o sustituyamos por un lenguaje más comprensivo, y más respetuoso con nosotros mismos.
 
 2. No seas tu peor juez
 
     Esta recomendación va muy relacionada con la anterior.  ¿Eres tu peor carcelero? ¿eres un juez restaurativo o punitivo? ¿castigador o comprensivo? No hay peor juez que el cada uno llevamos en nuestro interior. Por eso, reflexiona, ¿cómo te juzgas a ti mismo? Nuestras valoraciones también tiene que ver con si pensamos que nos merecemos o no el castigo. Quizás no nos hemos perdonado por algo y cumplimos una sentencia eterna. O quizás nos hemos creído (por varias razones) que somos “malos”, “indignos” y que no merecemos ser tratados con justicia o respecto. Por eso,… también os invito a reflexionar.
 
3. Sé coherente con lo piensas – sientes – haces
 
      Básicamente esta invitación consiste en no traicionarse a uno mismo. No sé si hay peor traición que la que te puedes llegar a autoinflingir si vas en contra de una emoción o de una creencia, un pensamiento o un valor importante para ti. Y si lo haces almenos, por pedir algo, que seas consciente de ello y que lo estás haciendo a sabiendas que te estás traicionando, aunque poco saludable, pero un grado más, que hacerlo sin la menor consciencia de las consecuencias que ello puede conllevar.
 
4. Identifica tus emociones e intenta aceptarlas 
 
      Cómo no, no podía faltar esta recomendación. Las emociones! la gran perturbación del ser humano! Como no interesa que sepamos gestionarlas porque así nos enferman, y así alimentamos a las grandes empresas y farmacéuticas, pues tampoco se ocupan mucho de implantar planes educativos donde aprender y entrenarnos para que sean nuestras aliadas y no nuestras enemigas, aunque lo de enemigas lo creamos nosotros mismos al no saber a veces qué hacer con ellas. Pero bueno,… centrándome en el tema que me ocupa, esta invitación creo que es nuclear a la hora de estar en calma y tranquilos con nosotros mismos.
 
      Y también es una manera, entre otras, de realmente conocernos y saber qué nos gusta, qué´no, nuestras preferencias, lo que nos produce enfado,… es decir, ellas nos guían y nos orientan en nuestro conocimiento interior, ir en contra, es en mi opinión, una tremenda “metedura de pata”. Y sobretodo un apunte: ninguna emoción es mala o buena, son positivas o negativas, es decir, que  nos producen estados de ánimo positivos: alegría, amor, o negativos: tristeza, ira,... pero todas son reacciones de nuestro cuerpo a estímulos internos o externos, y nos dan información y nos ayudan a crecer, no caigamos en el error de pensar que el miedo es malo o la ira es mala, y entonces querer creer que no tenemos miedo o que no es bueno enfadarse, porque así es cuando más daño nos harán. La cuestión es aceptar los estados de ánimo negativos como la tristeza, el enfado, la impotencia, la frustración,…. vivirlo como algo también saludable, no querer cambiarlo. Mucha gente si se pasa dos días triste ya se asusta y se piensa que tiene un problema, o si expresas enfado (gestionado y controlado) hay gente que te etiqueta de agresivo/a o violento/a. Pues señores: bienvenidos al mundo de las emociones, ellas no se rigen por lo que nosotros creemos que es correcto o políticamente bien visto, ellas tienen sus propios ritmos y sus propios tiempos. Hay una frase que dice: si intentas luchar contra la ola, la ola te envolverá y te ahogarás, pero si de lo contrario, te sumerges en ella, podrás llegar a la otra orilla.
 
5. No hagas las cosas por los demás
 
     Hazlas porque quieras hacerlas, desde la generosidad y la bondad, porque decides libremente hacer algo por el otro, no para que el otro vea lo estupendo que eres, o para recibir algo a cambio, o para no entrar en conflicto, etc.  No caigas en tus propias trampas.
6. Identifica la motivación intrínseca que subyace detrás del pensamiento o la acción. (culpa, verguenza, miedo) 
Para mí este es un apartado clave. El aspecto relacional del autoconcepto. Es decir,  una parte de la definición de quiénes somos, también viene por la posición que adoptamas en relación al otro y de cómo nos presentemos ante los demás, y lo que los demás piensen de nosotros. En muchas ocasiones, y seguro que nos vienen algunas a la mente, nos callamos cosas, decimos lo opuesto de lo que pensamos, decimos que sí cuando en realidad queríamos decir no, no sabemos poner límites,. etc. ¿Qué ocurre? habría que analizarlo, seguramente cada caso y cada persona responde a un patrón diferente. 
   
      Esta recomendación es bastante larga y extensa, requiriendo otro artículo para poder explicarla en profundidad, así que sólo haré una pequeña mención. La hipótesis de la cual parto es que no nos callamos o decimos que si porque tenemos baja autoestima y pensamos que la opinión del otro es más válida, como defienden algunos postulados con el nombre de: personas con estilo comunicacional pasivo. Yo creo que generalmente el motivo de respuestas no asertivas, viene focalizado en estas tres emociones: culpa, verguenza y miedo. Y cada una provoca respuestas y motivaciones diferentes. Por ejemplo: cariño, te apetece ir este fin de semana a casa de mis padres a comer? y la pareja responde sí cuando en realidad le hubiese gustado decir: no me apetece para nada. ¿qué pasa? La opción del miedo: no quieres provocar un conflicto; la opción de la culpa: no te sientes cómodo/a sabiendo que vas a tener que sostener el malestar del otro y prefieres no sentirte culpable; la opción de la verguenza: qué pensará mi pareja de mí si le digo que  no? . En definitiva y para ser concisa: las emociones deciden por ti, tu no tienes el timón de tu barco. Y esto va a generar inevitablemente consecuencias negativas para ti y para el otro.
 
 7. Mira más allá de las apariencias.
 
     No te midas sólo por lo que haces sino por lo que eres. Muchas veces en conversaciones sociales, familiares, escucho la pregunta: ¿de qué trabajas? y la maravillosa respuesta: yo soy médico, soy mecánico, soy profesora, soy ingeniera,…. mmmmm eres? o es lo que haces? entiendo que para muchas personas una parte de su identidad pasa por su profesión, pero no es todo lo que eres. Sé que es una frase hecha y que se dice sin pensar, pero igualmente siempre me “rechina”. Parece que nos etiquetan por lo que hacemos y no es así. Quizás estando en tu casa, estirado en el sofía mirando al techo en silencio, haces y eres mucho más tu y estás más conectado contigo mismo que “haciendo tu trabajo”. Por eso, esta recomendación, y más en la época en la que vivimos con la problemática del trabajo es que no pongas sólo tu valor en lo haces, mirá más allá, y que tu autoestima no se vea afectada porque trabajas de un oficio por el cual no estudiaste o no deseaste estar. Quizás es algo transitorio, quizás no, pero en todo caso, eres mucho más que eso.
 
8. Contacta con la parte más espontánea, auténtica y libre que hay dentro de ti.
 
     Quítate las capas de cebolla. Despreocúpate de la imagen que le das al otro, en definitiva el único que va a vivir contigo toda la vida hasta que te mueras eres tu mismo/a, lo importante es lo que tu pienses de ti mismo/a, y así vas a reflejar en los demás tu verdadera imagen.
 
9. Evita las comparaciones
 
     No sirven de nada. Sólo para descentrar la atención en ti y ponerla en el otro.Y allí, en el otro, la atención no hace absolutamente nada, sólo te quita poder a ti, para dárselo al otro. No malgastes energía, seguramente la necesitarás para otras preocupaciones más importantes en tu vida.